Por el Prof. Carlos J. Albornoz -
Con el pasar de los años muchos hemos ido afrontando retos y obstáculos, que son los encargados en definitiva de marcarnos un poco el rumbo, con la obvia participación de intereses personales, gustos y anhelos de un futuro mejor. Lo importante de estos, es el hecho de poder sacar un aprendizaje de ellos, con el fin de lograr superarlos cada vez más con el mayor optimismo y poder continuar adelante. Sin embargo, cada vez que los tenemos que enfrentar y nos vemos absortos en el problema, nos hacemos generalmente la misma pregunta, “¿Vale la pena?”.
En estos días muchos jóvenes, dentro de los que me incluyo, nos exponemos a uno de los mayores retos de las sociedades sostenidas por ideales republicanos y democráticos: Confrontar una instancia electoral, en este caso con el fin de integrar los órganos deliberativos de un partido histórico como lo es el Partido Colorado. En esta instancia nos enfrentamos a todo tipo de responsabilidades, compromisos, y sobre todo, la posibilidad de sufrir una gran desilusión si no logramos el objetivo deseado. Entonces cabe preguntarse toda una serie de “¿Vale la pena?”.
¿Vale la pena jugarse en una instancia donde quizás el resultado sea bastante adverso?
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